lunes, 2 de febrero de 2009

Alto Bio Bío, Mas Allá de la Frontera


Una alternativa que aparece como más interesante es la posibilidad de usar el paso fronterizo de Pucón Mahuida, al interior del fundo El Barco, para el potencial ingreso de miles de turistas de ese país y del extranjero que llegan hasta el centro Copahue Caviahue.

Se trata de uno de los recintos más modernos en su género en el continente que está abierto invierno y verano, gracias a su centro invernal y a las aguas termales, respectivamente.

La idea es generar un circuito turístico que incorpore al camping turístico de la laguna El Barco, paraje de una inconmensurable belleza rodeado de araucarias y cordillera que es administrado por los propios pehuenches asentados en el lugar.

El complejo trasandino está a apenas unos cuantos kilómetros de la frontera, con un camino que llega hasta el mismo hito limítrofe. Por el lado chileno sólo faltaría mejorar un camino (ahora senda de penetración) de unos 15 kilómetros, además de habilitar los servicios aduaneros a cada lado de la frontera.

Tan interesados como los trasandinos estaban los pehuenches del fundo El Barco, quienes se mostraban dispuestos a exponer sus tradiciones y costumbres, además de organizar excursiones a los visitantes para recorrer sus sectores más característicos.

La idea fue expuesta el año pasado por el intendente (alcalde) de esa comuna, Oscar Mansegoza, al edil René Correa. Incluso se realizó un recorrido y quedó el compromiso de realizar gestiones antes sus respectivos Gobiernos. Ahora, con la nueva comuna, la idea puede reactivarse.

Ojo de Agua


Ubicado en el sector de Cherquelauquén por el camino a Ralco Lepoy, a 109 kms de Santa Bárbara, el Ojo de Agua, es un extraño lugar árido, de donde emana agua de baja temperatura que da origen a un río que desemboca en el río Ralco. Por sus atractivas características, se destaca como lugar de excursión y fotografía.

Laguna El Barco


El fundo "El Barco" con una superficie de 18 mil hectáreas, está enclavado en plena cordillera andina, a 170 kms al este de Los Angeles. Existen en su interior innumerables valles de tupidos bosques nativos regados por caudalosos ríos. Se encuentran además imponentes montañas, rocosos cerros y suaves lomas. Cientos de especies y vegetales habitan sus extensas llanuras. Sin embargo, si de belleza se trata, existen en el lugar parajes de ensueño, como la hermosa laguna que lleva el nombre del fundo. La laguna "El Barco", con una superficie de 200 hectáreas, es verdaderamente un espectáculo de belleza, abundancia y paz.

El mirador de Ralco Lepoy


El mirador de Ralco Lepoy es un observatorio natural que queda emplazado a 90 kilómetros al sureste de Santa Bárbara por el camino a Ralco Lepoy.

Desde allí se aprecia la escuela-internado, que atiende a la comunidad pehuenche y el río Bio Bío se pierde en el horizonte.

A este sitio, apto para la fotografía y el picnic, solo se puede acceder en vehículo de doble tracción.

El río Bio Bío


El río Bio Bío es uno de los más importantes del país. Con sus 380 kilómetros de extensión, nace en los lagos Galletué e Icalma (Novena Región) y continúa su serpenteante camino hasta desembocar en el mar, frente a la ciudad de Concepción, alimentado en su marcha por varios ríos tributarios, como el Laja y Duqueco, entre otros.

Frontera natural entre españoles y mapuches en los tiempos de la Conquista, la Colonia y parte de la naciente República, sus aguas ahora bañan las costas de 14 comunas que suman una parte importante de la población regional.

Además de su importancia por la población colindante y las industrias que se han levantado en su entorno, desde mediados de los años ’90 suma un estratégico rol en la actividad fabril del país al ser uno de los principales núcleos de generación energética con la puesta en marcha de las central Pangue (1997) y Ralco (2004), dos de las mayores obras hidráulicas que se han construido en el país.

Salto del Turbio


Un torrentoso río que baja por las quebradas cordilleranas, conocido como "El Turbio" por el color café de sus aguas, da origen al salto del Turbio. Una caída de agua, distante a 71 de Santa Bárbara, por el camino a Ralco Lepoy.

Sitio ideal para la fotografía y contemplar el volcán Callaqui y su nevado permanente, conocido por los lugareños como "La Blanca".

Baños Termales de Alto Bio Bío


Recorrer la ruta que bordea el río Queuco, aguas arriba, hasta el valle de Trapa-Trapa, para terminar en el volcán Copahue es una aventura en todos los sentidos.

Luego de cruzar por las comunidades de Pitril y Cauñicú, en medio de un espectacular paisaje natural, y a 110 kms de Santa Bárbara, se llega a los baños termales de Nitrao.

Por el valle del río Pangue hacia la cordillera los senderos llevan hacia el Callaqui o Callaquén, como le denominan los pehuenches, a este volcán ubicado a más de 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar.

Reserva Nacional Ralco


Enclavada en la zona cordillerana del Alto Bio Bío, tiene entre sus atractivos la laguna La Mula (pequeño ojo de agua en medio de la cordillera) y el imponente volcán Callaqui coronado de araucarias y lengas milenarias.

Ubicada en los faldeos cordilleranos, la mitad de la superficie de la Reserva Nacional Ralco corresponde a altas cumbres y rocas, entre las que se encuentra el volcán Callaquén, cuya altura aproximada es de 3 mil metros sobre el nivel del mar.

El resto de la superficie se encuentra cubierta con formaciones de araucarias, lengas, coihues, ñirres, y especies de matorrales y pastizales.

Son 12 mil 424 mil hectáreas, que tienen un alto valor escénico y presentan grandes condiciones físicas para el excursionismo.

Desde el año pasado que en el lugar se encuentra operativo, durante el verano, un camping administrado por las familias pehuenches relocalizadas en la zona debido a la inundación de la central Pangue. Cuenta con sitios para acampar, agua potable y baños.

Alto Bio Bío, Potencial Verde


Areas de interés en el Alto Bio Bío son la reserva forestal Ralco (administrada por la Conaf), las termas de Nitrao y Chichintahue, los volcanes Callaqui y Copahue (a más de tres mil metros sobre el nivel del mar), las lagunas El Barco, La Mula, Cauñicú, entre otras.

En el último tiempo también está el lago formado tras la construcción de la central Pangue y el que se está llenando por la central Ralco.

Además, destaca la belleza paisajística del lugar, caracterizada por los bosques de robles, raulíes, lengas y araucarias (en las zonas más altas), así como por esteros y cascadas. La topografía es, esencialmente, ondulada y quebrada.

Alto Bio Bío, Paraiso del Turismo


La comuna de Alto Biobío, tiene un enorme potencial de crecimiento y desarrollo en la singularidad de su gente y su privilegiada.

La presencia de una numerosa comunidad pehuenche, etnia única de Los Andes australes con sus particulares aspectos culturales y sociales, y de una naturaleza que se muestra imponente en las abruptas montañas, bosques y ríos aparecen como los principales atractivos para desarrollar el turismo.

Es aún cuando este rubro está comenzando a ser explotado -pero aún en una etapa bastante incipiente-, la zona de Alto Biobío tiene un sinfín de atractivos que bien trabajados le permitirían llegar a ser un centro turístico de proyección nacional e internacional.

Ahora los accesos se encuentran en buenas condiciones (carretera pavimentada hasta la localidad de Ralco, futura cabecera comunal), mientras que los caminos de tierra interiores (por los cajones de los ríos Queuco y Biobío) se encuentran aptos para el tránsito vehicular, aunque en móviles de doble tracción.

Por estos motivos las perspectivas parecen ser ahora más interesantes que nunca antes.

El Esplendor de la Naturaleza en Alto Bio Bío


Como despertado de un largo e injusto letargo, el Alto Bio Bío despertó con fuerza a principios de la década de los ’90 para mostrarse ante la comunidad nacional e internacional. No fue, sin embargo, toda su enorme belleza natural o el interés cultural por la presencia de uno de los sectores en el país con la presencia de la etnia pehuenche lo que despertó a la zona.

No: fueron las centrales hidroeléctricas o, más bien dicho, la oposición a su construcción, lo que puso a esa zona en el tapete de la noticia nacional e internacional. Por eso, invariablemente, hasta la fecha pehuenches y Alto Bio Bío, bajo el subjetivo prisma de estar a favor o en contra de las centrales hidroeléctricas, han copado la atención.

Sin embargo, esta zona y sus habitantes son mucho más que esa situación en especial. Es la perfecta combinación de cultura autóctona y naturaleza en estado virgen la que se abre a los ojos de los visitantes. Son sus ríos serpenteando entre las montañas cubiertas de la más rica flora y fauna; son sus hombres, los hombres del pehuén, los que han escrito una historia riquísima y particular, marcada abruptamente por una condición geográfica de una belleza impresionante pero que también castiga con dureza en los tiempos de lluvias y nevazones.

El Alto Bio Bío, a diferencia de lo que sucede ahora, durante siglos estuvo marcado por el silencio o, más bien, de una bullente actividad que no llegaba a los oídos del valle. En efecto, la poca literatura existente apenas hace mención a la zona y los pehuenches. Las aproximaciones más serias recién comienzan a escribir sus pequeños capítulos a mediados del siglo XVII con la instalación de una línea fortificada, asociada a la actividad evangelizadora de los misioneros católicos, que iba desde Rucalhue, pasado por Villucura y Santa Bárbara. El origen de los indígenas es sólo motivo de algunas cuantas teorías, pero nada más concreto.

Más antecedentes hubo por la zona de Antuco (algunas decenas de kilómetros al norte) donde se realizaba una fuerte actividad comercial entre criollos y pehuenches. Así lo dan cuenta los libros de viaje del naturalista polaco Ignacio Domeyko y el artista bávaro Mauricio Rugendas (quien hizo los primeros retratos de los indígenas).

Como estábamos diciendo, la tranquilidad de la zona sólo fue interrumpida a principios del siglo XVIII por las cacerías de los ejércitos chilenos de los montoneros aún fieles al Reino Español o de las bandas de cuatreros que asolaban las haciendas de los criollos en el llano (buena parte de las historias de los hermanos Pincheiras se escribieron en el Alto Biobío). 100 años más tarde lo fueron los sucesos de Ránquil, en la parte más oriental de la cordillera, donde una revuelta campesina dejó un trágico saldo de muertos.

Pero salvo esas excepciones, la historia de sus habitantes ya no se escribió en los pocos libros que citan o mencionan estos acontecimientos y el paso de los años sólo se registró en los pehuenches que permanecieron en una condición de virtual aislamiento donde, incluso, llegaron a optar por comercializar sus productos en territorio argentino que en suelo patrio debido a la cercanía geográfica y facilidad de acceso, antes que trasladarse por el tortuoso camino a Santa Bárbara.

Esto fue así hasta principios de la década pasada. Todo cambió cuando se anunció, se construyó y se inauguró la central hidroeléctrica Pangue, por parte de la empresa eléctrica Endesa, en el curso superior del río Bio Bío, a unos 105 kilómetros al oriente de Los Angeles, en medio de la polémica y oposición de los grupos ambientalistas e indígenas, debido a los efectos culturales y ecológicos que involucran el levantamiento de la represa. Esa polémica se acentuó con la central Ralco, que inunda unas 3 mil 500 hectáreas (siete veces más que Pangue) y obligó a relocalizar a un centenar de familias.

Pero al margen de esa polémica, la zona destaca por su enorme potencial turístico “descubierto” por el país y el mundo a propósito de las centrales hidroeléctricas, que se focaliza justamente en la precordillera y la cordillera de Los Andes. Los valles de Queuco - hasta el volcán Copahue - y Pangue, hasta el volcán Callaqui, constituyen destinos obligados en la práctica del ecoturismo y del turismo aventura. Estos parajes ofrecen un entorno natural de ríos, bosques nativos, termas, nieve, flora y fauna, los que, en su conjunto, permiten desarrollar actividades como el andinismo, pesca, rafting, excursionismo, entre otros.

Ana Rosa Vita, Mujer Pewuenche


Ana Rosa Vita tiene 74 años. Esta mujer es nacida y criada en medio de las montañas, los ríos y los bosques de la comunidad pehuenche de Pitril, en la cordillera de Los Andes, cuando el pueblo todavía estaba demasiado lejos y era más rápido llegar a las ciudades del lado argentino.

Pese a su avanzada edad, ella vive sola. Su marido falleció hace unos 10 años por lo que ella misma debe hacer su comida y cuidar su casa. Sólo uno de sus muchos nietos de uno de sus cuatro hijos la visita de vez cuando para cortarle leña que necesita para mantener el fogón que en los tiempos de invierno y en las largas noches de verano proporciona su calor.

Recuerda cuando los tiempos eran muy duros y las nevadas cubrían de una gruesa capa la tierra. Rememora los días difíciles en que se acababa el alimento y había que buscar trabajo en lo que fuera.

Aunque recibe un montepío de 30 mil pesos, aprendió de su madre del oficio de hilar la lana de oveja que entinta con anilinas que ahora compra en el pueblo (antes lo hacía con las raíces de algunos árboles).

De sus arrugadísimas manos salen coloridas mantas, frazadas y calcetines que ella misma comercializa a sus vecinos o a los ocasionales visitantes que se internan por los vericuetos cordilleranos hasta su casita que queda a un costado del camino a Trapa Trapa, unos 12 kilómetros al oriente de la localidad de Ralco.

“Mi mamita me enseñó. Antes tejía toda la gente pero ahora se hace muy poco. Yo lo hago porque tengo que pasar el tiempo”, explica.

Y con orgullo relata: “somos orgullosos pehuenches. En mi casa todos tienen que hablar el mapudungún. Somos netos pehuenches y no nos olvidamos de nuestra cultura”.

Suboficial Honorio Un singular personaje en la historia de Carabineros


En un hecho inédito en el país para un civil, cuando el alto mando de la institución le concedió el grado de suboficial pese a no haber sido miembro de Carabineros por sus más de 50 años al cuidado de la avanzada de Trapa Trapa, en Alto Biobío.

El suboficial "ad honorem" Honorio Obreque Jara, una verdadera leyenda de Carabineros en la Provincia de Biobío, dejó de existir a fines de agosto de 2001, cerca de las 6,40 horas en el hogar de ancianos de la localidad de Santa Bárbara.

Este verdadero personaje estuvo durante más de 50 años al cuidado de la avanzada de Carabineros de Trapa Trapa, en Alto Biobío, hecho que le valió el reconomiento del alto mando de la institución que le concedió el grado de suboficial pese a no haber sido miembro de Carabineros, en un hecho inédito en el país para un civil.

Por eso, el suboficial Honorio fue sepultado con todos los honores de reglamento en el Cementerio de Santa Bárbara, luego de una misa por el eterno descanso de su alma en la parroquia de esa localidad.

Don Honorio Obreque nació en la localidad de Alcapán, cerca de la comuna de Laja, cuando la zona era conocida como el departamento de La Laja. Su fecha de nacimiento es imprecisa dado que si bien figura inscrito en el Registro Civil en 1915, el acta de bautismo data de siete años antes, un 22 de noviembre de 1908 (habría tenido 91 años a la hora de su muerte). Su historia con Carabineros comenzó hacia el año 1940 cuando le entregaron el cuidado de la avanzada de Carabineros de Trapa Trapa, unos 170 kilómetros al oriente de Los Angeles, cuando el personal de servicio de la institución que cumplía la misión de resguardo de la soberanía debía abandonar el recinto en los meses de invierno.

Su condición de encargado del lugar les hizo posible vivir y compartir con un sector habitado principalmente por indígenas. Hace 60 años no había un camino que comunicara con Trapa Trapa y el intercambio comercial se realizaba con los vecinos trasandinos.

En los tiempos de la avanzada compartía amenamente las jornadas con los funcionarios policiales relatando su largo cúmulo de historias, gracias a una memoria prodigiosa e inagotable. Llegaba al punto de recordar con precisión los nombres de lugares, personas y hechos. Además, como amplio conocedor del lugar, colaboraba en las patrullajes de reconocimiento y protección de la soberanía nacional.

Aunque nunca contrajo matrimonio, fue padre de seis hijos, con uno de las cuales vivió hasta que su estado de salud lo obligó a trasladarse al hogar de ancianos de Santa Bárbara, donde vivió sus últimos días.

Tras cumplir 50 años de resguardar la avanzada, don Honorio se hizo merecedor del grado de suboficial ad honorem concedido por el Alto Mando Institucional. Ello le permitió obtener una pensión y vestir con orgullo el uniforme de Carabineros con los grados respectivos. Entre fines de 1996 y principios de 1997, nuevamente la institución le reconoció su trayectoria y le permitió concretar dos de sus anhelos más grandes: conocer el mar (estuvo en Talcahuano, en el monitor Huáscar) y estar en Santiago.

Un sueño cumplido

"Impecablemente vestido con su uniforme de Carabinero, don Honorio nos esperaba en la tenencia de Ralco, en Alto Biobío. Sentado junto a una estufa a leña, lee con detenido afán un folleto acerca del Huáscar. Recién el día anterior volvía de su aventura (había conocido el mar por primera vez).

(...) Pese a su espalda encorvada por muchos años de rudo trajín, aún se mantiene activo y con una picardía de siempre. Volvía de su reciente aventura para internarse en las cumbres cordilleranas del Alto Biobío junto a la única hija que le hace compañía. Aún no se convence de haber estado en el mar. Presumía que había visto un pedacito que no lo era. Nos pregunta si efectivamente fue cierto. No imaginaba tanta vastedad, esa enorme inmensidad.

Comienza su relato asombrado de las comodidades del Huáscar, del viaje por aire, con todo lujo de detalle, con fechas, nombres y situaciones, como siempre ha sido su tónica. También nos relata aspectos de una vida llena de mil historias. Supo que había cumplido un anhelo, un sueño de niño, que por fin pudo realizar tras más de 80 años de espera.

Pero nos advierte. Aún tiene que conocer Santiago. Ahí vive su hijo, el mismo con quien se reencontró después de 40 años. Dice que aún tiene tiempo para eso."

Extracto de la nota de prensa publicada en La Tribuna el 12 de noviembre de 1996.

Central Pangue: el antecedente


La central Pangue fue inaugurada en los primeros días de marzo de 1997. También de un tamaño importante (470 MW instalados) fue la primera que aprovechó las aguas del curso superior del río Biobío en una planta compacta que implicó la inundación de sólo 500 hás.

Pero muchos antes de su inauguración, había levantado polvareda, principalmente en las organizaciones ecologistas, como el Grupo de Acción por el Bio Bío (GABB), debido a sus efectos en el entorno natural.

Un informe posterior elaborado por el antropólogo Theodore Downing, a petición del Banco Mundial (que financió la construcción de la planta), puso en entredicho la forma en que la compañía había trabajado el tema de las compensaciones desde el punto de vista ambiental y social.

Pero fue en Ralco, cuando se sumó decididamente el componente indígena al afectarse cerca de 690 hectáreas de tierras pehuenches (la obra afecta un total de 3 mil hás) que estaban protegidas por la Ley Indígena, que el asunto tomó un cariz de conflicto que se siguió en los diarios y se vio en canales de televisión.

Decidida a construirse en mayo de 1994 cuando la compañía aún estaba en manos de capitales chilenos, Ralco debió enfrentar una larga lista de inesperadas contingencias que finalmente atrasaron su puesta en marcha por unos dos años.

Ahora, con su puesta en marcha y sin puntos de conflictos por resolver, se presume que la planta seguirá el habitual camino del silencio que han tenido el resto de las generadoras situadas a lo largo del país.

Nicolasa Quintreman


“Ni muerta me sacarán de mis tierras” vociferaba Nicolasa Quintremán a quien quisiera escucharla en Chile y el mundo.

Pero quien fuera el “rostro” de la resistencia pehuenche a la construcción de la central Ralco, finalmente terminó cediendo a fines del 2002 a los millonarios ofrecimientos económicos y de tierras de la compañía (200 millones de pesos, 70 hectáreas de tierras, entre otros). Meses más tarde, y con la mediación del Gobierno, las otras tres familias que rehusaban entregar sus tierras finalmente depusieron su actitud y aceptaron las ofertas.

Pero fue este cerrado grupo de mujeres, que dieron forma a la organización Mapu Domuche Newén (Mujeres con Fuerza de la Tierra), el que durante años mantuvo en vilo un millonario proyecto energético, en un hecho único en la historia de los grandes proyectos energéticos.

Apelando a todas las herramientas a su alcance y con el apoyo de abogados y legisladores ambientalistas, fueron capaces de paralizar en dos ocasiones las faenas (de agosto 1997 a enero 1998 y en septiembre 1998 – enero 1999) y conseguir que su voz se escuchara allende las fronteras del país. También lideraron los varios cortes de caminos y los intentos por detener las grandes maquinarias que iban a la zona de las obras, por lo que incluso fueron requeridas por la justicia.

Cientos de colaboradores de lo más diversos puntos del país y del extranjero, especialmente Europa, para formar un verdadero contingente que prestaba todo tipo de apoyos.

Pero ayer, al menos de parte de la empresa, esta oposición a la central fue sutilmente soslayada durante la ceremonia de inauguración de la planta. El impresionante despliegue de seguridad (tres equipos del Grupo de Operaciones Especiales, Gope, fuerzas antimotines, equipos de emergencia, entre otros detalles) fueron la muestra que algo podía suceder y había que estar preparados. Al cabo, la jornada fue de absoluta tranquilidad.

A la hora de los discursos, sólo el ministro de Economía y Energía, Jorge Rodríguez Grossi, se refirió a los problemas que enfrentó el proyecto Ralco. “(La central) enfrentó muchas dificultades (...) Fue motivo de debates, polémicas y cuestionamientos” dijo en un par de intervenciones aunque sin mencionar el punto específico de la controversia.

En el acto inaugural, sólo estuvo un reducido grupo de indígenas, varios de los cuales son dirigentes que participan en la Fundación Pehuén (entidad financiada por Endesa para la ejecución de planes sociales y productivos en las comunidades afectadas por la central).

De las hermanas Quintremán y del resto de los opositores por supuesto que no hubo comentarios, aunque sus nombres y sus acciones eran ampliamente conocidos por cada uno de los involucrados.

Central Ralco, Sin nada entre las manos


Después de Ralco, la firma sólo contempla la ampliación de la central térmica San Isidro en la zona central de Chile, cuyo futuro depende de un mayor abastecimiento de gas argentino, y una pequeña central de 40 megavatios, llamada Palmucho.

Endesa Chile planea invertir un total de 700 millones de dólares en cinco años, cuyo foco será el mantenimiento de sus actuales activos.

El único gran proyecto que Endesa Chile guarda en carpeta a la espera de señales políticas y económicas que le den viabilidad es "Neltume", una central hidroeléctrica de embalse, ubicada más al sur.

"No son sólo señales económicas, sino que sean señales claras para invertir de aquí a 20 años más (...) Se siguen incentivando las energías alternativas y no hay incentivos al desarrollo hidroeléctrico", dijo Pablo Yrarrázaval, presidente de Enersis, matriz de Endesa, aludiendo a una reciente normativa de Gobierno que favorece la realización de plantas térmicas y de energía alternativas.

"Si se está pensando en dar incentivos a la energía eólica, ¿por qué no a la hidráulica?", agregó.

Las autoridades de gobierno que asistieron a la ceremonia manifestaron su satisfacción por la nueva central que ayudará a equilibrar la débil matriz energética de Chile, tras los cortes de gas natural argentino de este año, pero no se hizo cargo de los llamados de Endesa.

"No depende del gobierno el que hayan o no más centrales hidroeléctricas (...) No veo que no vayan a haber más proyectos (de ese tipo), porque en Chile existe mucho potencial hidroeléctrico", dijo Jorge Rodríguez, ministro de Economía.

Central Ralco


La central, que comenzó a ser levantada en 1998, debió encarar la dura oposición de movimientos ambientalistas y principalmente indígenas, debido a que un grupo de familias pehuenches se oponía a ser erradicadas de sus tierras ancestrales debido a que podían ser inundados.

En lo que podría llamarse el fin de una compleja historia de una década, la central hidroeléctrica Ralco, en lo que ahora es la comuna de Alto Bio Bío, el 25 de septiembre de 2004 fue inaugurada en forma oficial por altos personeros de Gobierno encabezados por el ministro de Economía y Energía, Jorge Rodríguez Grossi y altos ejecutivos de Endesa Chile y Endesa España, empresa propietaria del megaproyecto energético.

Se trató de la puesta en marcha oficial del mayor proyecto hidroeléctrico que se la levantado en el país hasta la fecha y que cubrirá el 9% de las necesidades de energía del Sistema Interconectado Central (SIC) que va desde Taltal hasta Chiloé, donde se concentra más del 90% de la población y las plantas industriales.

Su puesta en operaciones, que en rigor se inició a principios de este mes, se produce tras 10 años de intensos conflictos sociales, ambientales e indígenas que redundaron en significativas demoras en la construcción de Ralco.

La planta tuvo una inversión de 570 millones de dólares, con una potencia instalada de 570 MW y se encuentra situada a 30 kilómetros de la localidad de Ralco, capital comunal de la nueva comuna de Alto Bio Bío.

La central, que comenzó a ser levantada en 1998, debió encarar la dura oposición de movimientos ambientalistas y principalmente indígenas, debido a que un grupo de familias pehuenches se oponía a ser erradicadas de sus tierras ancestrales debido a que podían ser inundados (ver detalle en nota aparte).

Las conflictivas y extensas negociaciones con los indígenas retrasaron en más de una oportunidad la construcción del proyecto y sólo pudo concluir con un millonario acuerdo económico, hace justamente un año.

Con la puesta en marcha de Ralco, Endesa cuenta en Chile con 4.355 MW de capacidad instalada, a lo que se agregan 780 megavatios de su coligada GasAtacama, lo que en suma representa cerca del 40% de la potencia o capacidad instalada del país.

Luis Rivera, presidente de Endesa Chile, sostuvo que la puesta en marcha de esta obra “es un suceso histórico que llega en el momento más oportuno”, en referencia a la reciente crisis de provisión de gas natural argentino que amenazó con el fantasma del racionamiento en el país y que obligó a postergar los planes de levantamientos de plantas generadoras a partir de este combustible.

El ministro Jorge Rodríguez afirmó que “Ralco era indispensable” y que su puesta en marcha contribuye a “dar robustez a nuestro sistema energético”.

La eléctrica, con base de operaciones en Chile y filiales en Argentina, Brasil, Colombia y Perú, posee un total de 45 centrales eléctricas, con una capacidad instalada de 12.211 megavatios, de los cuales un 69% proviene de la energía hidráulica y un 31% de plantas térmicas.

Endesa Chile es la filial de generación del grupo energético Enersis, brazo de inversiones en América Latina de Endesa España, empresa que adquirió el control de la compañía en agosto de 1997.

Ranquil y Lonquimay


Grove, Allende y Barreto. La lucha contra el nacismo y las milicias republicanas de la oligarquía, hizo vestir de uniforme a los socialistas. Arriba, Grove, máximo lider socialista, después de la repentina muerte de Matte, en 1934, habla en un acto público. A su lado, la imagen del joven médico y dirigente del partido en Valparaíso, Salvador Allende, que seis años después seria Ministro de Salubridad del Presidente Aguirre Cerda. Abajo, el primer mártir del socialismo, Héctor Barreto, muerto en un enfrentamiento con los nazis del MNS.

La situación que se vive a nivel mundial, a partir de la Gran Depresión, y que se extiende por los primeros años de la década 1930, es de particular inestabilidad, debido a que se trata de la más profunda crisis económica capitalista.

En la Unión Soviética, Joseph Stalin impone su dictadura personal, desvirtuando la revolución de octubre y las aspiraciones de la clase obrera, en función de los objetivos del Estado. Se empiezan a aplicar los planes quinquenales, que privilegian la construcción de una Patria Soviética, por sobre la internacionalización revolucionaria propuesta por el trotskismo. En la pugna de poder Trotsky debe huir de la Unión Soviética, exiliándose en México, mientras sus partidarios son brutalmente reprimidos.

En Estados Unidos asume Franklin D. Roosevelt, con su política del New Deal, que robustece la función del Estado, a fin de superar la grave crisis económica y social, lo cual, repercutirá en todo el mundo, especialmente en América Latina.

Alemania, en tanto, luego del quiebre de la Bolsa en Wall Street, quedó prácticamente en la ruina, debiendo cerrar varios bancos. Millones de obreros quedaron cesantes, mientras comenzaban a surgir un movimiento político nacionalista y militarista, encabezado por Hitler.

El Partido Nazi, en 1930, obtenía 107 escaños en el Reichtang (parlamento), transformándose en la segunda fuerza política del país, ante las debilidades del movimiento socialista, enfrentado entre la tendencia socialdemócrata y la revolucionaria. En enero de 1933, Adolf Hitler asume como Jefe de Gobierno, apoyado por su partido, por los militares y los magnates industriales.

El nazismo y el militarismo comienzan a esparcirse como mancha de aceite por Francia, Rumania, Austria, España, Portugal, Estados Unidos, los Balcanes, y, por supuesto, Chile. En Italia, ya gobernaba el fascismo, encabezado por Benito Mussolini, surgido en el enfrentamiento con los socialistas.

América Latina es sacudida por una serie de golpes de Estado, surgiendo caudillos militares, que, echando mano al cuartelazo, se imponen sobre las sociedades sacudidas por la crisis. Una gran cantidad de exiliados se refugian en Chile, gran parte de los cuales, se vinculan al Partido Socialista.

Entre ellos estuvieron refugiados varios líderes del APRA (Acción Popular Revolucionaria Americanista), fundado por Raúl Haya de la Torre. Los apristas influenciaron notablemente a los dirigentes socialistas chilenos, especialmente a Grove y Schnacke, que asumieron el planteamiento latinoamericanista enarbolado por aquellos.

En tanto, en Nicaragua, un líder revolucionario daba la lucha contra la intervención norteamericana y su títere Anastasio Somoza. Se trataba del general César Augusto Sandino, que combatía en las montañas de Las Segovias, desde la batalla de Jícaro, en 1926, frente a un puñado de hombres. Moriría, en 1934, fusilado en el promontorio de La Calavera, cerca de Managua, junto a dos de sus oficiales.

En 1932, es fundado en Chile, el Movimiento Nacional Socialista (MNS), por miembros de la colonia alemana y personas de la pequeña burguesía. Postulando un Estado portaliano, ataca al liberalismo y a los socialistas. Pronto publican la revista "Acción Chilena", sobresaliendo Carlos Keller, como su teórico, y Jorge González Von Marees, como su caudillo. Haciendo uso de los resquicios de la ley que había permitido la creación de las Milicias Republicanas, crearon las Tropas Nacionalistas de Asalto (TNA), cuerpos de choque callejero, que actuaron fundamentalmente contra los socialistas y comunistas, ante la impasibilidad del gobierno.

Ante aquellos ataques, los socialistas se vieron obligados a formar sus propias fuerzas de choque, surgiendo las Milicias Socialistas, que disputaron las calles a las TNA. En esos enfrentamientos cayeron destacados jóvenes socialistas. En Concepción, moriría Manuel Bastías, dirigente de la Federación Juvenil Socialista (FJS). En La Cisterna, muere Julio Llanos. Pero, el caso más relevante, es la muerte de Héctor Barreto, joven poeta, miembro de la FJS, que es baleado por los nazis en la intersección de la calle San Diego con Avenida Matta, en diciembre de 1936. Sin embargo, las escaramuzas también se producen entre socialistas y comunistas, provocando el debilitamiento del movimiento obrero.

Del seno del Partido Conservador, por aquella época, surge una nueva generación de dirigentes juveniles, vinculados al movimiento de la Acción Católica, que comienzan a desarrollar las ideas socialcristianas, y que dan vida, inicialmente, a la Falange Conservadora, que pasará a denominarse, posteriormente, Falange Nacional. Entre ellos sobresalen Bernardo Leighton, Radomiro Tomic y Eduardo Frei.

Chile, luego de los difíciles primeros años de esa década, consolida su régimen institucional, previa derrota del militarismo. La alianza del gobierno de Alessandri, con las clases poseedoras, permite resolver la crisis. Haciendo uso de las facultades extraordinarias que le entregara el parlamento, Alessandri constituyó por decreto las Milicias Republicanas, cuerpo armado civil que dependía exclusivamente del Presidente de la República, que constituyó el necesario equilibrio para aplacar las opciones militaristas dentro de las Fuerzas Armadas.

El hombre fuerte de su gobierno fue Gustavo Ross Santamaría, Ministro de Hacienda, conocido magnate azucarero y especulador bursátil, quien logró normalizar la situación económica. Ricardo Donoso lo define como un hombre sin escrúpulos morales ni jurídicos, ajeno a la cultura general más elemental, formado en la escuela de las especulaciones bursátiles, pero, movido por una ambición sin freno.

Grandes negociados escandalizaron la vida económica nacional, teniendo como protagonista al Ministro de Hacienda. Uno de ellos fue el de la Compañía de Electricidad, empresa de capitales extranjeros, que sacó 100 millones de pesos del país, burlando la ley de cambios. Denunciado el hecho a la justicia, la Corte Suprema impuso a la compañía una multa de 55 millones de pesos, la que nunca fue pagada, ya que el Ministro de Hacienda levantó la sanción, sin dar explicación alguna. Otro escándalo fue la disolución de la COSACH (Corporación del Salitre de Chile), entidad repudiada por el país, siendo sustituida por la Corporación de Ventas del Salitre y Yodo, que entregó el 75% de sus utilidades a los consorcios extranjeros para el pago de bonos adeudados. Entre 1936 y 1937, se vendió salitre por 12,1 millones de dólares, de los cuales el fisco chileno sólo recibió 3 millones.

Éstos negociados se llevaron a cabo en el contexto de una política económica antipopular, ejercida a través de una devaluación monetaria permanente, y de una inflación que afectaba directamente los presupuestos de las familias proletarias. Esto generaba constantes movimientos de protestas, que eran violentamente reprimidas por el gobierno.

La tasa de mortalidad bordeaba el 25%. En 1937, 12.155 personas murieron de tuberculosis. Más de 400.000 nulos estaban al margen de la educación. La propiedad de la tierra se dividía de la siguiente forma: el latifundio, constituido por el 2% de los propietarios, poseía el 78% de las tierras; la propiedad media, que representaba al 16% de los propietarios, poseía el 18%; en tanto, el minifundio, que constituía el 82% de los propietarios, sólo poseía el 4% de la tierra. Considerando la tierra cultivable, el 68% de ella estaba en manos de un 0,9% de los propietarios. Una encuesta realizada en 1936, entre 12.000 familias de inquilinos – campesinos con goce de vivienda en los latifundios -, señalaba que el 99% de esas familias comía carne sólo una vez al mes, que un 97% no tenían accesos a leche y que el 76% vivía en ranchos inhabitables. Éstos factores incidían en el progresivo despoblamiento de los campos y en la migración hacia los centros urbanos, aumentando la disponibilidad de mano de obra proletaria.

En aquel panorama, se escribirá uno de los hechos más amargos de las luchas del campesinado chileno: la sangrienta represión en Ranquil y Lonquimay, un baldón perenne para el segundo gobierno de Arturo Alessandri.

Tales sucesos tuvieron lugar en los aledaños cordilleranos de Malleco, donde nacen los ríos que forman el majestuoso Bio Bío, en una zona ubicada entre las sierras de Pemehue, Nevada y Velluda, donde los campesinos de origen indígena habían sido arrinconados en tierras que nadie ambicionaba por su esterilidad. Era una zona agreste, de pobres lavaderos de oro, callejón de contrabandistas de ganado argentino. La tierra un poco más cultivable había sido arrebatada a los indígenas, a fines del siglo XIX, y repartida en hijuelas a colonos pobres, quienes las cultivaron por años. La tierra mejor, había quedado para los nuevos latifundistas que surgieron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Cientos de familias campesinas se formaron en torno a aquellos terruños gélidos, de lluvias eternas, sin regularizar sus títulos de propiedad. El Estado chileno, pese a que había hecho las asignaciones, nunca se preocupó de regularizar los títulos de propiedad, y los campesinos no tenían dinero para pagar abogados y trámites legales. Vivieron en las pobres hijuelas, compartiendo con los indígenas las privaciones y las necesidades. Allí nacieron sus hijos, se criaron y formaron nuevos hogares.

Sin embargo, a principios de 1936, un terrateniente presentó una reclamación en Nitrito, exigiendo una orden de desalojo de los campesinos que ocupaban lo que él reivindicaba como su propiedad. Comprendiendo éstos que no tenían asidero legal, pese a que llevaban allí más de una generación, propusieron a las autoridades que el gobierno cancelara el valor de esas tierras al reclamante, y ellos, a su vez, pagarían por ellas en un plazo prudente.

Sin embargo, mientras aquellas tratativas se desarrollaban, los carabineros comenzaron a hostigar a los campesinos, contra los cuales tenían especial encono, por considerarlos cómplices del contrabando de la zona. Utilizando contra los hijueleros todos los abusos y medios de atemorizamiento posibles, la policía fue creando una sensación de injusticia entre los campesinos, que abonó los espíritus de rebeldía. No quiso el terrateniente vender sus tierras, si el gobierno se preocupó de darles una solución. Mientras, los carabineros volvían a advertir que debían abandonar las tierras.

Cuando las tierras estaban recién labradas, y comenzaba el crudo invierno del sur chileno, llegó la fuerza policial a desalojarlos, destruyendo los cercos e incendiando los ranchos, expulsándolos sin misericordia, y conduciéndolos hasta terrenos estériles, más arriba de la misma precordillera, sin alimentos, sin habitación.

El sentimiento de odio incubado hacia las autoridades, comenzó a materializarse, así como la certeza de que aquella injusticia no podía quedar sin castigo. En Nitrito, Ranquil, Quilleime, Lolco y Trubul, los campesinos se unieron en defensa de los expulsados, recibiendo también el apoyo de los mapuches de la reducción Maripe. Avanzado ya el invierno, en junio de 1936, la desesperación, el hambre, el frío y el odio, dieron paso a la revuelta. Varios miles de campesinos, armados de viejos fusiles y escopetas, asaltaron las pulperías y bodegas de los latifundios cercanos, y asumieron posiciones de enfrentamiento.

El desarrollo de las ideas socialistas en Chile. Por Sebastián Jans

La Tragedia de Ranquil. Seguimiento Judicial


Por una primera sentencia de 22 de noviembre de 1934 se sobreseyó definitivamente con respecto al delito de maltrato de obra en la persona de los carabineros José Reyes Lira y Luis Maldonado, y por una segunda de 25 de enero de 1935 se mandó sobreseer temporalmente en relación con la mayor parte de los reos.

La última sentencia, de 5 de marzo de 1935, teniendo en cuenta que había quedado ejecutoriados los sobreseimientos mencionados anteriormente, dejaba constancia que ella sólo debía comprender la existencia y señalar los responsables de los delitos de robo con violencia en las personas y pulperías de Huan Zolezzi y José Frau, homicidio de Rafael Bascuñán, y robos en el fundo Cotraco y pulpería de Bruno Ackermann, condenó como responsables de ellos a Onofre Ortiz Salgado, Juan Orellana Barrera, Florentino Pino Valdebenito, Juan Bautista Valenzuela Sagredo, Juan Pablo Ortiz Escobar e Ismael Cartes Jara a diversas penas, que iban desde la de diez años de presidio mayor para el primero y de cinco años y un día de presidio mayor para el último.

La Corte de Apelaciones de Temuco, por sentencia de 23 de marzo de 1935, pasó una esponja por el asunto y declaró que los reos quedaban absueltos de la acusación en virtud de haber sido favorecidos por la ley de amnistía 5483, de 13 de septiembre de 1934".

A continuación reproducimos una página tomada de la novela "Ránquil" de Reinaldo Lomboy escrita en 1941, basada en los hechos relatados más arriba en la que se cuenta el traslado de dos de aquellos más de cuatrocientos prisioneros que nunca llegaron a Temuco:

"Los llevaron amarrados al pegual de los caballos. Amarrados al pegual de sus caballos, dieron látigo a los cautivos para avivar su marcha. Amarrados como bestias al pegual de los caballos, los hombres eran carne para el látigo. El perplejo asombro de lo imposible de su cautiverio les sellaba las maldiciones en los labios.

El Ránquil se les vino de súbito con el lomo hinchado por el cauce pedregoso. Arrastrados por los caballos cruzaron el río: el frío del agua los cubrió más que las matas, hasta los hombros: Las ojotas tenían deslizamiento de jabón sobre las piedras, arrastrando las piedras en resbalones que daban con ellos de espaldas en el agua, inundándose los estómagos en náuseas menos amargas que el desconsuelo de hallarse rendidos.

Al pegual de los caballos hasta Troyo, cruzando de nuevo el río; pero ahora los prisioneros maniatados iban al anca para que no muriesen ahogados, porque aún no era llegada la hora de su muerte.

En la orilla, un verde dijo a Robledo:

Desmóntese, compañero - sarcástico. Y de un culatazo lo echó caballo abajo, amarrado de las manos como estaba. Robledo se mordió las manos en impotente furia. Vociferó:

Cebensé, perros, cebensé en esta carne, que así amarrada no más pueden golpear.

En su carne y en la de su compañero se estuvieron cebando mientras los interrogaban. Después, por la abrupta orilla del río que abajo en el barranco se ahocina cadoso, los echaron a andar. Iban con los ojos túmidos hasta la ceguera y con la cabeza llena de burujones a fuerza de golpes. Hechos una sola llaga, apenas con voz en el misericorde torpor de los sentidos, muriendo ya, caminaron a traspiés un breve trecho.

¡La pagarán, carajo! ¡Viva la revolución campesina!

Tras el estampido de varias detonaciones, los dos hombres se tambalearon, hicieron una grotesca pirueta en el vacío. Abajo se abrió el agua en vorágine de espumas. Y siguió el río su curso, lento, poderoso y sonoro".

La Tragedia de Ranquil


Todo comenzó el 24 de junio de 1933.

Con el rigor del invierno los obreros que se levantaron en Ranquil, no pudieron trabajar ni obtener alimentos, y empujados por la desesperación se arrojaron sobre las pulperías, arrasando con los establecimientos agrícolas que encontraron a su paso.

Los hechos que se relatan a continuación y que costaron la vida a un número nunca bien determinado de personas fueron tomados en su totalidad de la obra de don Ricardo Donoso titulada "Alessandri, agitador y demoledor".

"Un grupo de inquilinos del fundo Ránquil, levantados en armas, abandonaron sus tierras y en una semana se desparramaron en una extensión de 150 kilómetros, pasando a cuchillo a pulperos, mayordomos y propietarios que intentaron oponérseles. La acción policial fue en los primeros momentos ineficaz, pero poco más tarde la represión estuvo teñida de caracteres sangrientos y la tranquilidad sólo se restableció a costa de centenares de muertos y heridos.

El Gobierno trató de restar importancia al levantamiento, atribuyéndolo a la obra de los agitadores, pero el malestar que provocó la rebelión armada se venía incubando desde mucho tiempo atrás y obedecía a motivos sociales y económicos. Ampliamente debatido en la tribuna parlamentaria, puso una vez más de relieve cuán hondas divergencias separaban a los dos bandos, buscando el Ejecutivo la raíz del mal en la labor disolvente de la oposición y poniendo ésta de relieve la angustia surgida en las clases trabajadoras a consecuencia de la miseria.

En la Cámara de Diputados Carlos Alberto Martínez expuso los antecedentes de la constitución de la gran propiedad en la región del Alto Bío Bío y los esfuerzos hechos por el Gobierno del señor Ibáñez para solucionar el problema de los ocupantes, dejando a éstos un terreno de invernada de siete a ocho mil hectáreas, pero la situación se hizo más complicada al trasladar a los colonos a terrenos cordilleranos con el propósito de instalar faenas de lavaderos de oro. Se formó así una masa enorme de gente de trabajo, que con sus familias no sería inferior a las diez mil almas. Con el rigor del invierno esos obreros no pudieron trabajar ni obtener alimentos, y empujados por la desesperación se arrojaron sobre las pulperías y arrasaron con los establecimientos agrícolas que encontraron a su paso.

Los sucesos de Ránquil tuvieron igualmente resonancia en el Senado, ante el cual repitió el Ministro del Interior (Salas Romo) los mismos argumentos que había exhibido en la Cámara de Diputados. Dio detalles de las depredaciones cometidas por los rebeldes e insistió en la labor desquiciadora de las organizaciones políticas, citando como ejemplo los acuerdos de la juventud socialista y de la Federación de Estudiantes.

El senador Pradenas a su vez se refirió a las características que había tenido la represión de los carabineros y al hecho de que de los 500 prisioneros tomados sólo 23 llegaron detenidos a Temuco.

En sesión de 6 de agosto el Senado acordó, por 19 votos contra 15, nombrar una comisión especial compuesta de ocho de sus miembros, destinada a investigar las causales que determinaron el levantamiento de los obreros y colonos del Alto Bío Bío y los acontecimientos que con posterioridad se desarrollaron en la región hasta el momento de la entrega de los acusados a los Tribunales de Justicia. La Comisión quedó designada en sesión de 27 de agosto.

El proceso por los sucesos de Ránquil fue muy laborioso. Fue substanciado por el Ministro de la Corte de Temuco, don Franklin Quezada, quien por una primera resolución de 15 de septiembre de 1934, considerando que se investigaban delitos relacionados con la seguridad interior del estado, y que el día anterior se había promulgado la ley de amnistía 5483, mandó sobreseer.

En una segunda sentencia de 26 de septiembre dejó constancia de la existencia de los siguientes delitos:

* Alzamiento a mano armada en la Comuna de Lonquimay, departamento de Victoria, a fin de promover la guerra civil y el cambio de la forma de Gobierno.

* Robo con homicidio en las personas de Juan Zolezzi y Alfonso Zañartu, en el lugar llamado Troyo.

* Robo con violencia en las personas de José y Martín Gainza, en el fundo Cotraco.

* Robo con homicidio de Pedro Acuña en la pulpería Frau.

* Robo e incendio de un galpón en el fundo Lolco.

* Asesinato de los carabineros Rafael Bascuñán y Fidel Montoya en Nitrito.

* Resistencia a la acción de los carabineros y robo con violencia en el fundo Guayalí y en la pulpería de Ackermann.

Terminaba declarándose incompetente, debiendo conocer en ella el Juzgado Militar de Concepción. Este, a su vez se declaró incompetente. La Corte Suprema, resolviendo la contienda de competencia, en sentencia de 23 de noviembre de 1934, declaró que correspondía a un Ministro de la Corte de Apelaciones de Temuco el conocimiento en primera instancia del proceso, y mandó devolver los antecedentes al magistrado señor Quezada.

El Río Bio Bío y Los Pehuenches


“Es aquí donde nacen los ríos. Más que nada, aquí nace el río. Las demás vertiginosas torrenteras de bajan de los faldeos cordilleranos son o el Ránquil o el Chalquivín o el Rahue o el tal o el cual, pero el río no puede ser otro que el Bio Bío.

Ciñe la tierra con su anillo de agua, la estrecha contra la más alta de las cordilleras y socava por la base el vientre de los volcanes que con su nieve le alimentan el cauce.

Pero el “río” en esa cuasi isla cortada al norte por el Chalquivín, al sur por el Pehuenco y al occidente por el Bio Bío, en vez de unir divide. Es tropel de agua en los barrancos, remanso profundo en los menguados valles y barrera que pone, de un lado, el mundo ablandado por los ferrocarriles y el telégrafo, y del otro, el campo hosco de caminos de herradura, de riscos y tinieblas.

No se sujeta a puentes ni es generoso en vados. Por su lomo cruzan lanchas con balseros que amarran las manos a largos pértigos o a los cables del hilo sin fin: como en un cuento de hadas, están eternamente uncidos al esfuerzo de los brazos y como nadie les ha pedido reemplazarlos en la tarea, siguen esclavizados al río desde el primer rayo de sol que calienta las cumbres hasta su postrer pincelazo pálido en los picachos.

Pero el río no rige el destino de estos hombres: no tiene en este rincón iluminado por los fuegos del Llaima y vigilado por el atalaya del Mocho, ni grandes bosques que le llenen el lomo con su tronquerío ni ofrece otra ventaja que desaguar eternamente las cordilleras.

Dicen, eso sí, que es sabedor de muchas historias. Sabedor de cosas épicas que hasta hacen llorar, de cosas amargas también como el llanto, de cosas de pasión y heroísmo, de cosas de formidables esfuerzos y de muy escasas flaquezas. Las está contando a diario con la sorda voz de sus aguas al derrubiar los flancos de los acantilados. Pero también sabe de la violencia, que un día se ha rebelado y ha roto sus vallas y ha llevado a los campos, en forma de osamentas, pruebas que el hombre puede ser grandioso en sus arrestos y mezquino en sus venganzas.

No han dejado huella visible en el deslizamiento de su cauce las épocas diversas que le han ido cargando de experiencia. Pero todo lo lleva dentro de sus aguas: ahí está ese pueblo de cobre de los faldeos subandinos australes. Entonces el río tenía otro nombre sin onomatopeya de grito de pájaro agorero: era el Butanlebu y los hombres que se bañaban y pescaban en sus aguas eran pehuenches del Inepire-Mapu. Libres de coger el quillín de los pinares, libres de arponear los salmones y tender trampas a los zorros.

Sabe el río que eran los amos de la región. Sus caciques poderosos y altivos, pujantes hasta en la muerte, al morir se refugiaban en los volcanes y arrojaban fuego y lava si las acciones de sus huestes humanas le ponían el ceño duro.

Las rucas se esparcían aisladas por las parcialidades de todas las faldas andinas, porque si estos hombres no temían a ser vivo, en cambio les ponía miedo la potencia de sus hechiceros. Y en los valles, junto a los ríos despeñados en raudales tronitosos por las rajaduras de las montañas, se multiplicaban los tolderíos de cuero.

Terciado el cuerno al pecho, en ocasiones los caciques le arrancaban sordos sones: era el llamado al nguillatún, la convocación a la guerra, el clamor de un pueblo libre para crecer y para morir. Entre la maraña de troncos de cipreses y robles, cuerpos morenos seguían detrás de las vizcachas, cazaban los huillines o armaban trampas a los coipos en los esteros de las planicies. La caza del hombre por el hombre no entraba todavía a la tierra que Dios rasgó en híspidas rocas y enmarañó de selvas.

Pero un día... La gente de los pinares estaba en paz. En son de guerra llegaron unos extraños hombres blancos, barbados, dueños del trueno. Los mapuches lucharon, cayeron, lucharon. Cientos de miles de lanzas se rompieron en los encuentros y miles de mocetones mordieron la tierra ensangrentada, un día y otro día, tantos días y tantas noches que los pehuenches perdieron la cuenta y con el mismo brío con que guerreaba el abuelo lejano, seguía combatiendo el nieto apenas aprendía el grito de guerra.

Tras la muerte, una pausa. Detrás de la espada, lo que la espada no pudo conseguir, intentó hacerlo la cruz. A la sazón, el río había mudado de nombre: llamábanlo ahora Ribimbe o Biu-Biu.

Al doblar un día este Bio Bío, encauzado ya en lecho dilatado, por un caserío surgido de improviso, años atrás, a la salida de los desfiladeros cordilleranos, oyó hablar de unas hombres vestidos de largos chamales color de tierra gredosa, armados solamente con una cruz y enviados por un alto cacique blanco al que mentaban don Manuel Amat y Junient. Así supo el río de la lucha pacífica por el sometimiento de los mapuches, así supo que ese caserío, al que llamaban Santa Bárbara, quería tener algo de santo teniendo mucho más de bárbaro.

El imperio de la cruz hizo prodigios. Mas su reinado fue breve. Resonó otra vez el grito de guerra y los pehuenches arremetieron sus súbitos malones contra los poblados, empujados por la sed de venganza contra los huincas ansiosos de despojarlos de sus tierras. Luchas y treguas, nuevas luchas y nuevas treguas se fueron dando vuelta en los años indígenas. Las quinchas de colihue y barro de los fuertes se hincaron en la tierra mapuche al estampido de los viejos fusiles “Comblain” de las huestes de chilenos fogueados en las campañas de los desiertos peruanos. La división de Drouilly clavaba en el Butal Mapu pehuenche los fuertes de Curacautín, Lonquimay, Liuncura, Nitrito y Llaima.
El indio fue expulsado, cercado, despojado, arrojado a los flancos abruptos de la cordillera, recluído en la tierra que nadie, por mísera, ambicionaba.

Aun esa tierra la trabajaban como podían y cuando podían. Morían de hambre. La filosofía de los viejos, enflaquecido por las privaciones, traducía la angustia en una frase breve y brutal: “no come, murió”. La tierra, eso sí, era pródiga en piñones. Y los piñones aplacan el hambre. Aplacada el hambre, ya es posible vivir... No lo es, empero, cuando el kalku era más poderoso que el Ngenechen y desde las profundidades del rine arroja su mal al desdichado mapuche: son en vano, entonces, los redobles del cultrún y las contorsiones de la machi... Así se moría de hambre o de mal tirado. Nada más. O en las disputas entre las tribus, la muerte heroica entre el chivateo de la victoria o la maldición de la derrota.

Sobre ellos cayeron más tarde unos huincas armados de carabinas. Oculto detrás de las rocas, a cubierto de gigantescos troncos, solapados en las grietas del terreno, los balearon sin piedad, los persiguieron como a bestias dañinas. Los indios caían sin saber de dónde ni por qué les llegaba la muerte. Los heridos se arrastraban a sus rucas y sus indias los curaban con yerbas de la montaña y lloraban la desdicha que se abatía sobre ellos sin haberlo merecido. Los perseguían, los mataban. No bastaba, pues, el hambre ni la hostilidad de la naturaleza: llegaba el blanco. Las indias gemían sus menesteres y en la acongojada ceremonia de los funelares, surgía el clamor de la angustia: “¡kiñeke wentr ñiekei pañilvepiuke!”.

¡Ay, sí! De fierro tenían el corazón esos hombres. De piedra y fierro. Enviados por sus amos a limpiar de indios una zona que mejor estaba para echar en ella a pastar animales, caían como perros sobre las liebres. El plomo horadó las entrañas de los viejos, de las mujeres. Los niños conocieron también el candente camino que dejan las balas en la carne desgarrada. Los mocetones lucharon. Y murieron. La trágica cacería duró meses. Los hombres combatieron defendiendo sus rucas, sus güeñes moquillentos, sus tristes sembrados. Pero caían; y al morder su boca las rocas duras, sus dientes seguían estampando en ellas un grito rebelde y tenaz. De aliento para los que restaban.

Todo en vano. La sangre no logró hacer más fecunda la tierra: sólo trajo revuelo de aguiluchos voraces refocilantes en la carroña. Los indios se fueron retirando más arriba, lejos, prendiéndose a las crestas de la misma cordillera, allí donde los animales desdeñan clavar sus pezuñas. Y allí murieron.

Para matarlos, esta vez el huinca no empleó las balas. Había aprendido el valor de un arma mucho más eficaz que no deja rastro de sangre: la ley. El huinca contrató abogados y el abogado dio el golpe de muerte definitivo y brutal a los últimos mapuches. Valióse de papeles llenos de timbres y firmas, todo muy legalizado y muy en regla. Al pie, la cruz que reemplazaba la firma del cacique analfabeto. El cómo puso allí su firma o lo que fuere, secreto es guardado por el huinca y su abogado, pero lo sabe también el río.

Y así fue: la culpa la tuvo el aguardiente, aguardiente para el estómago del mapuche. Con aguardiente, el mapuche no sabe ni lo que dice ni lo que hace, ve unas caras borrosas, oye unas voces lejanas, una que le escancia el licor, una vez, otra vez, muchas veces. El mapuche no puede desairar a un huinca amigo y su dedos temblorosos estampan en el documento que lo despoja de sus bienes, unas cuantas rayas tiritonas. Cuando le abandona el licor, le ha abandonado también el huinca amigo y le han abandonado sus animales y sus tierras.

Así vio el río la muerte del pehuenche. Vio muchas cosas más: vio crecer las haciendas, dilatarse hasta las cordilleras, llenarse de animales en kilómetros y kilómetros. Todo bajo el dominio de uno o dos hombres. La posesión a fierro o fraude. ¿Y qué? ¡Si esos no son más que unos pobres indios!

“Ránquil” Junio de 1941, Reinaldo Lomboy; Novelas de la Tierra

Panteón Quepuca


El denominado Panteón Quepuca es mencionado en el Estudio de Impacto Ambiental aprobado a mediados de 1997 por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) para la construcción de la central Ralco pero no establece con exactitud el tipo de medidas es necesario adoptar.

En este caso, se debía poner en marcha una figura llamada de “competencia compartida” que supeditaba cualquier acción a la autorización de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y al Consejo de Monumentos Nacionales.

Valga hacer presente que este tipo de trabajos no se puede realizar en unos pocos días o semanas.

Los expertos habitualmente son prolijos y meticulosos en el levantamiento y reubicación de osamentas de pueblos originarios, por lo que el proceso puede tardar meses. Sin embargo, según consta en documentos remitidos a ambos organismos públicos, aunque Endesa envió casi una veintena de oficios al Consejo de Monumentos desde el 2001 hasta la fecha, donde también se incluyeron algunas alternativas, sólo recibió un par de respuestas no conclusivas debido a que no se definía el procedimiento.

Así le fue respondido a un arqueólogo que hizo una última petición el 8 de marzo pasado de 2004.

La última carta enviada por Endesa fue el 21 de abril para comunicar que el día antes se dio inicio al llenado de Ralco. El 22 de abril las aguas habían cubierto el cementerio.

Panteón Quepuca

El cementerio de Quepuca Ralco, conocido como panteón Quepuca, se encuentra en un sector denominado Quepuca Ralco, una amplia explanada (poco frecuente en la geografía cordillerana) ribereña al río Biobío, la cual ahora se encuentra bajos millones de metros cúbicos de agua.

El sitio estaba unos 35 kilómetros al suroriente de la localidad de Ralco, por el cajón del río Biobío, que en octubre de 1995 fue escenario de un nguillatún organizado por entidades ambientalistas e indigenistas en rechazo a la construcción de la central Ralco.

En el aspecto en que no hay consenso es en el número de personas sepultadas en el lugar. Mientras Endesa Chile sostiene que habrían los restos de 12 indígenas, los pehuenches aseguran que son 56 aunque otras voces sostienen que serían unos 200.

Según algunas fuentes, el actual proceso de llenado de irreversible debido a que, técnicamente, el cierre del desagüe de fondo del embalse no tiene vuelta atrás, por lo que inexorablemente el agua seguirá acumulándose en la medida que el caudal del río sea mayor que su capacidad para evacuar.

Características culturales del mundo Pehuenche


Religión

Como todas las comunidades indígenas, los Pehuenche creen en la herencia de la tierra, ya que según ellos, las tierras fueron entregadas como un préstamo, por lo que deben cuidarlas y protegerlas.

La tierra es un tesoro que no pueden perder, ni vender. En esas zonas han nacido generaciones tras generaciones.

Idioma:

Su idioma era el mapudungun.

Vivienda y vestimenta:

Vivieron en toldos de cueros sostenidos por ramas. Estos toldos se situaban cerca de los bosques para tener a mano los frutos. Su vestimenta era de cuero combinado con plumas, aros de cobre o plata (imitado a los araucanos) y pintura en la cara, brazos y piernas: para indicar duelo, guerra, etc.

Cerámica:

Hacían la cerámica prácticamente sin adornos, sólo de barro negro cocido. También realizaron vasijas de madera y de cuero.

Características económicas:

Los Hombres del Pehuén tenían como principal fuente de ingresos la “venta” de animales y pieles que intercambiaban por alimentos y otros productos. El mecanismo era el trueque.

Desde su origen hasta la actualidad, Los Pehuenches son especialmente recolectores de piñones más que agricultores. Con aquellos frutos fabrican una especie de harina que se puede almacenar por varios meses. Además recolectaban otros frutos y con algunos de ellos elaboraban una bebida parecida a la chicha. Todos los víveres eran almacenados en silos construidos debajo de la tierra, siendo utilizados durante las épocas de escasez.

Actualmente éste pueblo originario de Chile se encuentra ubicado entre la VIII y IX Región, siempre en la cordillera. Dependiendo de la estación del año se sitúan más arriba o más abajo en los cerros. En el invierno, por ejemplo, evitan las frías temperaturas bajando a los valles. Su fuente de sobrevivencia son las recolecciones estivales y los productos obtenidos de la crianza de animales.

Características estructurales:

Elegían un toqui, todos los otros jefes se sometían a su autoridad bajo la más estricta disciplina. Además, la familia Pehuenche estaba formada por un hombre, una o más esposas, sus hijos y los familiares más directos.

Sólo en ocasiones especiales se juntaban diferentes familias, ya que generalmente acostumbraban a vivir en grupos pequeños.

Se componía del padre, sus mujeres y sus hijos. Existía la poligamia, pero sólo la practicaban los individuos más ricos, los ulmenes, que podían adquirir cinco o seis mujeres.

La Vivienda Pehuenche


Considerando que cada cultura humana tiene su propia manera de existir sobre el planeta, las viviendas pehuenches ofrecen una tipología que ellos han creado para resistir el frío, el calor y la nieve de la cordillera. Los más citadinos piensan que son símbolo de pobreza, lo cual es un simplismo que nada tiene que ver con sus formas de vida en un paraje que no por es bello es menos hostil.

Tal vez por eso es que un proyecto habitacional piloto del Serviu que hacia 1998 pretendía construir 300 viviendas para indígenas del Alto Bio Bío, con subsidio rural, además de financiamiento privado de fundaciones, haya hecho fracasar a dos constructoras de otras regiones que ganaron las licitaciones.

Según la opinión del arquitecto Osvaldo Cáceres, sus diseñadores concentraron la vivienda en una sola planta poligonal, con un sistema constructivo basado en tablones unidos por pegamento, los que al poco tiempo se desunieron y arquearon. Además, los fuertes vientos cordilleranos desestabilizaron la casas y finalmente fueron abandonadas por los constructores y los eventuales residentes.

Ahora, el Ministerio de la Vivienda decidió reformular este proyecto con nuevas ideas, ya que en los casos anteriores no se consideró la dureza del medio ni la cosmogonía de esta etnia.

En un estudio realizado por Cáceres, éste sostiene que las viviendas de los pewenches manifiestan la influencia de los mapuches y de los indios de la Pampa argentina. Organizan su vida en el recinto destinado a la cocina-fogón, construida con grandes tablazones tanto en los muros como en las cubiertas, labrando estas últimas en forma de canoas (o "canogas") para el escurrimiento de las aguas lluvias y la nieve del invierno. La estructura interior es construida con rollizos horcones, en forma similar a la estructura de las viviendas de los indios pampas.

Los pewenches desarrollan su vida en recintos separados, uno para la cocina- fogón, otro para el dormitorio y los demás para la bodega, el granero, los gallineros, los corrales.

"Los diferentes bloques -señala Cáceres- están separados entre sí o unidos por ramadas, bajo las cuales realizan las funciones de comer, estar y trabajar durante el verano. En invierno, la vida diaria se concentra en la cocina-fogón, donde comen, descansan y trabajan. En su orientación habitualmente perpendicular, los bloques dejan espacios libres para los corrales, leñeras, W.C, lavaderos, gallineros".

Son conceptos de vida que habría que considerar a la hora de construir, como Estado, viviendas con susbsidio destinadas a un medio tan especial como es la cordillera.

Los Pehuenches


Desde la llegada de los primeros colonizadores a la zona sur de Chile, la población indígena mapuche sometida a la presión y destrucción de los poderosos y extraños cuerpos armados por la "fe católica", lograron resistir casi 2 siglos conservando su territorio y la más pura riqueza de sus creencias y mitos.

La población Pehuenche habitó exclusivamente a las orillas del río Bio bío en la zona Cordillerana de los Andes de la VIII y IX región. La cultura Pehuenche si bien fue en un principio de origen Mapuche, se especializo en la antigua caza del Guanaco (Lama guanicoe) y la recolección de vegetales y piñones, habitando en un principio la pre- y cordillera andina entre las VII y X regiones

Pehuenche mapadungun significa “Gente del Pehuén” (Che= Gente y pehuén fruto de la Araucaria), árbol milenario de la familia de las coníferas que habita sobre los 1.000 msnm y cuya longevidad se a calculado sobrepasa los 1.500 años de edad.

En estas circunstancias, la población Pehuenche cuál mantiene una estrecha relación "mítico-religiosa" con éste árbol, desarrollaron una economía tradicional de subsistencia sobre la base de circuitos nómades estacionales, es decir, habitar terrenos de "invernada" ubicados a orillas de los ríos y esteros para luego trasladarse y mejorando las condiciones, a los lugares de la "veranada" situados en las partes altas de la Cordillera de Los Andes.

Este ciclo anual constituyo un capítulo "primordial" de su economía: en sus desplazamientos estacionales transportaban pertenencias y animales mayoritariamente del tipo caprino y ovino, permaneciendo de 3 hasta 6 meses dependiendo de la cantidad de pastos existentes y las condiciones climáticas.

Con la presencia de bosques de Araucaria los Pehuenches se dedicaban a la actividad de "colectar Piñones" que les significaba por un lado alimento para su propio consumo y por el otro un recurso para la venta o "trueque" por productos o forraje para animales.

Trayecto a alto Bio Bío


La ruta de Los Angeles a Santa Bárbara es de 40 kilómetros. El recorrido continúa por un camino que empieza a encajonarse por el cordón montañoso encerrando un estrecho cajón al torrentoso río Biobío, que se desplaza entre altos acantilados.

A 52 kilómetros. al oriente de Santa Bárbara se encuentra el villorrio de Ralco, último punto para aprovisionarse de todo lo que se requiera para el viaje y lugar de paso obligado para registrar en la tenencia fronteriza de Carabineros su destino, tipo de vehículo y pasajeros.

También, a partir de ahí se acaba el pavimento y el camino –ahora de tierra- se divide en uno: uno que sigue la ribera del río Bio Bío y otro el cajón del río Queuco.

Paso Pucón-Mahuida. 20 años


Las gestiones para la habilitación de Pucón Mahuida comenzaron hace más de 20 años, cuando se iniciaron los primeros acercamientos entre las autoridades de ambas naciones, luego que los trasandinos decidieran dar forma a un complejo turístico.

Aunque durante los últimos años continuaron los contactos, el salto definitivo fue dado por la creación y puesta en marcha de la comuna de Alto Biobío, cuyas autoridades cifraron sus esperanzas en el turismo como motor de desarrollo de la zona.

Paso Pucón-Mahuida. Descripción


Uniendo Chile y Argentina a través del turismo

Para los ediles de Alto Bio Bío y Caviahue-Copahue, la puesta en marcha de este paso fronterizo abre un mundo de ventajas, principalmente por la posibilidad de explotar aquello que generosamente ha dejado la naturaleza en las montañas, a través de la puesta en marcha de circuitos turísticos.

Montaña adentro. Así sería una traducción libre de la expresión mapudungún “Pucón-Mahuida” que da el nombre al paso fronterizo situado hacia el interior de la comuna de Alto Bio Bío.

Porque efectivamente el hito que separa a Chile y Argentina está al final, hacia adentro, siguiendo la huella por un amplio valle de fangales por el lado chileno y coronado por una pronunciada curva de un par de kilómetros de extensión, que rodea una de las laderas del volcán Copahue, antes de llegar a la frontera.

Pero esos caminos de vegetación baja son el epílogo de un viaje fascinante, en medio de la más exuberante naturaleza, salpicada de montañas, bosques milenarios, ríos y lagunas de agua cristalina y la tradición ancestral de la cultura pehuenche que se mantiene prácticamente intacta a través del tiempo.

Es ese elemento el que le otorga a toda esa zona una plusvalía que no tienen otros territorios fronterizos desde la zona centro hacia el sur del país. Porque pasos limítrofes hay varios, algunos autorizados y otros que esperan su oportunidad, pero el marco cultural que subyace en Pucón-Mahuida le brinda un valor inconmensurable para su habilitación.

Y ese este mismo elemento el que está tomando el alcalde de Alto Bio Bío, Félix Vita Manquepi, para posicionar el paso fronterizo dentro de las prioridades de su gestión, pese a que recién apareció en escena hace un par de años.

Con el apoyo de su colega, el intendente de Caviahue-Copahue, Oscar Mansegosa, la idea es habilitarlo para el tránsito internacional en uno y otro sentido, llevando por delante la bandera del turismo como palanca de desarrollo de ambos territorios.

Para los ediles, la puesta en marcha de Pucón-Mahuida abre un mundo de ventajas, principalmente por la posibilidad de explotar aquello que generosamente ha dejado la naturaleza en las montañas, a través de la puesta en marcha de circuitos turísticos.

Para la parte argentina, se trata de una opción más que interesante para los cerca de 50 mil visitantes de todas partes del mundo que, año a año, llegan a Caviahue-Copahue, reconocido por sus complejos termales y centros de esquí.

De hecho, según Mansegosa, el 60% de los visitantes pasaría a Chile pero por una vía de comunicación más cercana. Ahora, la opción más cercana es Pino Hachado, por Lonquimay, pero su distancia hace desistir a los potenciales viajeros.

Y lo que no tiene el territorio trasandino, lo aporta la contraparte chilena. Para Alto Bio Bío, es una oportunidad para aprovechar el potencial paisajístico y étnico, dado por una naturaleza generosa y la presencia de comunidades pehuenches que mantienen prácticamente intactas sus tradiciones y costumbres ancestrales.

También es una oportunidad para que los visitantes trasandinos puedan hacer recorridos más largos por el territorio chileno, que no sólo lleguen hasta esa zona y después se vuelvan, sino que también arriben a ciudades más importantes, como Los Angeles o Concepción, aprovechando las distancias más cortas.

Pero el edil de Alto Bio Bío sólo pone un requisito esencial para continuar con esta iniciativa: que se respete la voluntad de las comunidades indígenas de ambos lados de la cordillera, en orden a dar las autorizaciones necesarias para realizar los trabajos que se deban ejecutar para mejorar los caminos.

En esta línea, el intendente Mansegosa declaró que el trabajo se encuentra bastante avanzado a nivel de autoridades del gobierno provincial y nacional “pero, por sobre todas las cosas, con la comunidad mapuche de Millaín Currical, propietaria de las tierras donde pasará esta vía de comunicación”. Ya existe un acuerdo que compensará el aporte de la franja caminera con importantes extensiones de tierra para ese grupo indígena.

Y es que justamente los caminos ahora son el principal obstáculo para la consolidación de esta alternativa. En ambos territorios es necesario realizar fuertes inversiones para dejar en condiciones los tramos finales.

Paso Pucón-Mahuida. La Historia


Usado desde tiempos ancestrales por las comunidades indígenas de ambos lados de la cordillerana, el paso Pucón-Mahuida tiene la gran particularidad de ser uno de los más bajos en la zona sur del país.

Situado a apenas mil 200 metros sobre el nivel del mar (Pichachén, en Antuco, está a 2 mil 20 metros), divide a dos comunidades indígenas, una a cada lado de la cordillera.

Por el lado chileno, se encuentra la comunidad de El Barco, formada por 34 familias reubicadas por la construcción de la central Ralco, mientras que en el sector trasandino está la comunidad mapuche de Millaín Currical, integrada por unas 900 personas.

Se encuentra distante unos 180 kilómetros al sororiente de Los Angeles por un camino asfaltado hasta la localidad de Ralco (km. 87). Sigue un serpenteante sendero cordillerano, con carpeta de rodado en buen estado, hasta el sector Aserradero, en el fundo El Barco (km. 165). Los últimos 15 kilómetros corresponden al trazado de una huella que atraviesa sectores montañosos y rocosos.

En tanto, en el sector trasandino las distancia son mucho menores y, en consecuencia, las mejoras a realizar son sustantivamente menores.

El complejo turístico de Caviahue-Copahue está situado a sólo siete kilómetros del hito fronterizo y dentro de estas semanas, las autoridades trasandinas darán su visto bueno para la financiar los trabajos de mejoramiento que faltan.

Las Comunidades Pewenches


Según el censo de 1992, el 20% de la población de 14 años y más corresponde a este grupo indígena. Información a 1995 señala la presencia de 3 mil 800 pehuenches en la comuna, distribuidos en las comunidades de Callaqui, Pitril, Cauñicú, Malla Malla, Trapa Trapa, Butalelbum, Ralco Lepoy y Quepuca Ralco, a la cual se ha sumado en los últimos años la comunidad de El Barco, formada por cerca de 40 familias relocalizadas por Endesa.

La comunidad Ayín Mapu, integrada por otro grupo de pehuenches afectados por la central Ralco, quedó fuera de la comuna.

Semblanza Comunal, Experiencias


Una de las experiencias más exitosas ha sido la implementación de un camping turístico en la Laguna El Barco, donde fueron relocalizadas algunas familias afectadas por la inundación de la central Ralco.

Con aportes de Endesa, se habilitó la infraestructura en el acceso a la laguna, como baños, duchas, mesas y bancas para camping, entre otras, administrada por los propios pehuenches que también ofrecían sus productos tradicionales y recorridos por la zona.

En su primera temporada fueron unas cinco mil personas que quedaron maravilladas por la naturaleza circundante. Todo un éxito que dejó algunos millones de pesos a sus administradores.

Por otro lado, con aportes de Mideplán y de la Fundación Chile, en el cajón del río Queuco se habilitaron varios recintos, como camping, para la atención de turistas entre las comunidades de Pitril y Cauñicú. También se ofrecían los productos típicos, como comidas o artesanías.

Semblanza Comunal, El Turismo en Alto Bio Bío


Aunque mucho se ha hablado acerca de las potencialidades turísticas, poco se ha hecho hasta la fecha.

Los tímidos intentos por hacer algo contrastan con los anuncios de grandes inversiones turísticas para aprovechar el potencial paisajístico, de termas, nieves eternas y las del deporte aventura (traking, mountanbike, cabalgatas, excursiones en vehículos 4 x 4, rafting).

En la localidad de Ralco se encuentran varios hostales y cabañas que ofrecen servicio de alojamiento y comida. Lo más interesante es el hotel Faro del Bio Bío, situado por el cajón del río Bio Bío frente al lago formado por la central Pangue, que cuenta con habitaciones de alto nivel y un centro de convenciones.

El camino hasta la localidad se encuentra en buenas condiciones pero es necesario ser cuidadosos por sus largas cuestas y pronunciadas curvas.

Los buses suben diariamente hasta Ralco y después de internan por ambos cajones cordilleranos en un viaje que es toda una aventura por si sola. Para quienes usen vehículos particulares, lo ideal es que tengan tracción en las cuatro ruedas. De lo contrario, se corre el serio riesgo de quedar “botado”.

Semblanza Comunal, Lo que tiene Alto Bio Bío


Esta zona, a ojos de los expertos, es la perfecta combinación de cultura autóctona y naturaleza. Son sus ríos indomables que serpentean las montañas cubiertas por una rica flora y fauna; son sus habitantes que han escrito una historia riquísima y particular, marcada a fuego por el área geográfica que habitan. Ahí se puede desarrollar un potencial turístico que puede tener insospechadas proyecciones.

El turismo aparece como una alternativa económica más que interesante para nueva comuna de Alto Bio Bío. Es que desde siempre quienes han conocido a sus habitantes, en su mayoría pehuenches, han quedaron impactados por conocer la realidad de una etnia que se resiste a morir. Quienes han visitado sus montañas, lagos y bosques han quedado maravillados con una naturaleza que se muestra en todo su esplendor.

Esta zona, a ojos de los expertos, es la perfecta combinación de cultura autóctona y naturaleza en estado virgen. Son sus ríos indomables que serpentean las montañas cubiertas de las araucarias, robles y toda clase de flora y fauna; son sus habitantes, los hombres del pehuén, quienes han escrito una historia riquísima y particular, marcada a fuego por el área geográfica que habitan, de una belleza impresionante pero que también los castiga con dureza en los tiempos de lluvias y nevazones.

Para ser precisos, la comuna de Alto Bio Bío parte poco antes en el puente sobre el río Queuco donde evacua sus aguas al río Bio Bío que, a esas alturas, con un interesante caudal.

El área geográfica se extiende fundamentalmente entre los cajones de ambos cursos fluviales hasta alcanzar la frontera con Argentina. Son 2 mil 300 kilómetros en total, la mayor superficie para una comuna en la provincia y la región.

En los años ‘80 el Alto Bio Bío estaba prácticamente olvidado. A los ojos del mundo occidental, durante décadas fue una zona para aventureros, amantes de la naturaleza y para los propietarios de los enormes fundos destinados a la ganadería y la explotación del bosque nativo.

Sus habitantes, mayoritariamente pehuenches, habitaban esa área desde tiempos inmemoriales. En medio de las araucarias y las montañas, se desarrolló su cultura particular que aunque tiene muchos elementos propios de los mapuches, desarrolló características muy particulares (diferencias idiomáticos, de costumbres, etc).

La comunicación con el resto del país se remitía a una ruta en pésimas condiciones que llegaba hasta Ralco. De ahí hacia el interior sólo habían caminos de tierra - hechos a fines de los ‘70 y principios de los ‘80 - imposibles de circular, incluso en el verano. No habían teléfonos, muchos menos electricidad u otros avances modernos.

Pero todo cambió a principios de la década de los ?90. Sin embargo, lo que hizo despertar a la zona no fue por toda su enorme belleza natural o el interés cultural por la presencia de pehuenches, etnia única en el país.

Fueron las centrales hidroeléctricas (Pangue primero y Ralco después) que construyó la empresa eléctrica Endesa Chile, lo que puso a la zona en el tapete de la noticia nacional e internacional.

La atención concitada también abrió los ojos a cientos de personas que llegaron al área sobre una tierra que se comenzaba a abrir de par en par.

La propia compañía pavimentó el camino hasta Ralco y después el Estado puso su parte al dotar de electricidad a la zona y de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes con mejores escuelas y postas de salud.

“Mahuida, Relatos Pehuenches del Alto Bío Bío”


Uno de los factores fundamentales para la preservación de las tradiciones sociales y culturales de las comunidades pehuenche, es la transmisión oral que se practica de generación en generación. La publicación “Mahuida, Relatos Pehuenche del Alto Bío Bío”, es una recopilación de alguna de estas tradiciones estructurada en tres volúmenes, cada uno de los cuales consta de diez cuentos y leyendas traducidos en castellano y mapudungun e ilustradas por el prestigioso caricaturista Themo Lobos.

Cada volumen está dedicado a una temática particular, el hombre y la naturaleza; lo sagrado; y hechos de la vida y creencias pehuenches.

Las historias relatadas son el resultado de una iniciativa de la Fundación Pehuén que se llevó a cabo gracias a un trabajo conjunto entre las comunidades, los establecimientos educacionales y la entusiasta participación de los alumnos y familias, bajo la coordinación del monitor cultural Jacinto Manquepi V. Su edición y publicación es un aporte de Endesa, empresa patrocinante de la Fundación Pehuén.

Fuente: Fundación Pehuén.

Sergio Villalobos: La Historia de los Pewenches


El historiador galardonado con el Premio Nacional de la especialidad, asegura que los pehuenches genuinos no son ni mapuches ni araucanos, sino una derivación de los indígenas huarpes de la zona de Cuyo, Argentina. También asegura que los pehuenches se aliaron con los hispano-criollos para evitar ser víctimas de las bandas aborígenes rivales.

Sergio Villalobos Rivera sabe que las conclusiones de sus investigaciones no van a agradar el mundo indígena, especialmente de los sectores más radicalizados. Y se trata de los pehuenches, la situación tampoco va a ser muy diferente.

“Es muy difícil que lo asuman porque no tiene comprensión de lo que está pasando. Actúan por impulso porque hay intereses políticos detrás. Ellos se basan en sus tradiciones orales pero no hay un trabajo científico y metodológico que permita sustentar lo que dicen”, reflexiona Villalobos. Sin embargo, hace presente que esta posición “no significa que no haya que tratar de hacerles saber el tema”.

Es que para este Premio Nacional de Historia, que estuvo hace algún tiempo en los salones del Club de la Unión para hablar sobre la historia de la Los Angeles y la zona, ya son años de investigación y de recorridos por los sectores, los cuales les han permitido llegar a esas certezas.

Este trabajo, afirma, ha sido corroborado por los trabajos de diversos frentes de especialistas pero, añade, sólo se conocen en el ámbito científico y rara vez trascienden a los medios de comunicación masivos.

Certezas

La primera de sus certezas afirma que los pehuenches “genuinos” no son mapuches ni araucanos, sino una derivación de grupos de indígenas huarpes que vivían en la zona de Cuyo, Argentina, que tenían sus costumbres, idioma y tipo físico característicos.

Los estudios antropológicos al respecto han permitido concluir, asegura, que el tipo físico corresponde a una rama de dichos indígenas que responden a determinadas características. Primero que nada, medían entre 1,70 a 1,72 metros de altura, tipo físico que nunca ha existido entre mapuches o araucanos. Además, la contextura ósea del cráneo (especialmente huesuda) dista de lo que se puede observar en los llamados a si mismo mapuches.

Aún es posible encontrar, asegura, algunos tipos físicos como el descrito en algunos puntos de la zona de Alto Biobío y Antuco.

También sostiene que este grupo eran muy pocos. Entre unos 10 mil y 15 mil que vivían preferentemente al otro lado de la cordillera, pero que ejercieron influencia desde el sector de San Fabián de Alico (por el norte) hasta la zona de Lonquimay.

Sin embargo, añade, los araucanos los desplazaron e impusieron sus costumbres. Asegura que su vida era precaria. Vivían en permanente zozobra. Por el lado trasandino, acosados por las bandas de huilliches y, por territorio nacional, por los araucanos.

“La disputa era constante. Por eso, los pehuenches se tuvieron que aliar con los hispano-criollos para que estos los defendieran”, señala en su afirmación más polémica. Incluso sostiene que, en ocasiones, llegaron a luchar juntos contra los araucanos.

Esto se ha visto refrenando porque personajes tan relevantes como el propio Bernardo O’Higgins, cuando llegó para hacerse cargo de la hacienda Las Canteras, tuvo mucho aprecio por los pehuenches. Sin embargo, sostiene que la relación no era gratuita sino que se sustentó en una forma de comercio que favorecía a unos y otros. Mientras los pehuenches comercializaban sal, plumas de avestruz y pieles, los hispano-criollos hacían lo propio con los caballos, el hierro y el alcohol.

Más tarde, sin embargo, con el inicio del proceso de Independencia, se produjo en verdadero caos en las relaciones que ya estaban asentadas donde los pehuenches fueron seducidos por los bandos en conflictos (patriotas y criollos) para que luchara cada uno por su bando.

Y ahí, ya se comenzó a escribir otra historia.